A muchos sorprendió la furia con que reaccionaron los vecinos de la colonia Luis Olague impulsados por la desesperación e impotencia ante el avance de la delincuencia e inseguridad y de ver cómo asesinaron arteramente a la niña Alejandra Judith Díaz, un crimen que se suma a otros brutalmente cometidos en contra de mujeres que habitaran esa zona de Ciudad Juárez, y otras aledañas.
La colonia Luis Olague es una de las más inseguras que hay en la ciudad. No sólo eso, sino también de las que más rezago tienen. Abandonada a su suerte, sus habitantes se rifan la vida cada día, sin que las autoridades se decidan a rescatar ese lugar donde gente trabajadora sobrevive ante todo tipo de delincuencia. Abundan los picaderos, son elevados sus índices de drogadicción y alcoholismo, así como sus rezagos en infraestructura. Un amplio y fundamentado trabajo al respecto fue elaborado por el Instituto Municipal de Planeación e Investigación (IMIP), pero como sucedió con muchas de sus investigaciones, simplemente las autoridades las vieron, las conocieron y las archivaron. Los resultados de ese abandono están a la vista.
Prueba de ello es que entre 1997 y lo que va de este año, el de Alejandra Janeth es el sexto asesinato de una mujer que vive ese sector. Tan sólo en este año son tres las víctimas. ¿Dónde estarán los gritos de ayuda que han lanzado los vecinos?, ¿las advertencias del peligro de los que habitan en esa zona?, ¿dónde quedaron los planes y proyectos para mejorar las condiciones de vida de esa región? Y luego nos sorprendemos de las reacciones que tiene la gente. Pese al peligro, nadie los escuchó, nadie les hizo caso.
El primer crimen que se presentó este año en la Luis Olague, fue el de Josefina Contreras, madre de cinco mujeres y abuela de un niño, quien fuera asesinada brutalmente al inicio de este año. Ella, separada de su esposo, abandonó su natal Torreón para venir a radicar a este frontera donde pensó encontraría la prosperidad que su terruño le negaba. Encontró la muerte. En su intento por salir adelante, como decimos los mexicanos, y sin empleo fijo, vendía burritos, comida casera, verduras y cuanto artículo podía, hasta menudo los domingos. Josefina fue encontrada brutalmente golpeada en la colonia Revolución Mexicana el 26 de diciembre de 2004.
Sufrió golpes en todo el cuerpo, murió prácticamente desangrada debajo de un bote de basura, le despedazaron el cráneo y aún cuando fue encontrada con vida, tras una larga y dolorosa agonía, falleció el 3 de enero por la noche. Y aun cuando fue detenido el asesino, este crimen desde luego que indignó a la ciudadanía, pero aún más a los vecinos de la Luis Olague que conocían del esfuerzo de Josefina para sostener a sus hijos, familia que por cierto ahora intenta vivir como puede, ya sin el apoyo que significaba la madre.
Permanente ola de violencia
Pero los antecedentes de violencia y muerte contra las mujeres en esa colonia datan de tiempo atrás.
El 31 de mayo de 1997 asesinaron a Verónica Beltrán Manjarrez, de tan sólo 15 años de edad, víctima de la violencia entre pandillas. Ella recibió un proyectil de arma de fuego cuando transitaba por la calle Tungsteno, esquina con Cintalapa, en la colonia Luis Olague. La bala que le quitó la vida provino del arma de algún pandillero. La víctima no murió en el lugar de los hechos, sino que fue ingresada aún con vida a la clínica 35 del Instituto Mexicano del Seguro Social, donde horas más tarde murió.
El responsable de este crimen fue capturado y el 27 de marzo de 1998; el juez de la causa dictó sentencia condenatoria en su contra, otorgándole una pena de 9 años de prisión, al acreditársele su responsabilidad en la comisión del delito de homicidio simple a título doloso. Al homicida se le condenó a la reparación del daño, que se cuantificó en la cantidad de 25 mil pesos, y se le negó el beneficio de la condena condicional; la citada resolución causó ejecutoria el 9 de junio de 1998. Para estas fechas ese asesino, si observó buena conducta, cualquier cosa que sea esto para un asesino, estará ya libre por las calles de Juárez.
El 16 de febrero de 1999, a espaldas de la maquiladora Eaton Molden Products, también en la colonia Luis Olague, fue localizado el cuerpo de Irma Angélica Rosales Lozano, quien fuera violada y asesinada. Como presunto responsable se detuvo a Agustín Toribio Castillo (a) ‘El Kiani", a quien también se le achacaron otros delitos, como causar la muerte a Brenda Patricia Méndez, quien había sido localizada en el Libramiento Aeropuerto.
La ola de violencia en ese sector es permanente. El 5 de enero de 2000, en el interior del domicilio ubicado en la calle Leo, número 6443, de la colonia Luis Olague, la señora Juana González Piñón, de 36 años, fue acuchillada en distintas partes de su cuerpo por su esposo, en un arranque de celos. La lesionada fue enviada aún con vida al hospital general, pero al igual que las otras víctimas, horas más tarde murió.
El marido homicida, luego de matar a su esposa, intentó quitarse la vida pero no pudo. La señora González dejó en la orfandad a tres hijos, uno de ellos con retraso mental. Al asesino le fue impuesta una pena de 8 años 3 meses de prisión sin el beneficio de la condena condicional y se le ordenó además, el pago de la reparación del daño por la cantidad de 112 mil pesos. También pronto saldrá libre.
A todos estos casos habrá que sumar también este año, el artero asesinato de la niña Anahí Orozco, de tan sólo 10 años de edad, quien vivía en la calle Isla de Magdalena número 7113 esquina con Chocholtecos, también en la colonia Luis Olague. Anahí no sólo fue brutalmente asesinada y violentada por un familiar, sino que al verse descubierto, el asesino decidió prenderle fuego al cuerpo. ¿Le parece que esto es sólo violencia intrafamiliar, señora Rocatti?
Es importante señalar que este artero crimen coincidió con otro que conmovió a la comunidad, el de la pequeña Airis Estrella Enríquez Pando.
Pero la ola de violencia que invade a la Luis Olague, también se expande a las colonias aledañas, donde por cierto también han existido crímenes contra mujeres y donde la policía se niega a realizar patrullajes.
En esa colonia también se encuentra la Escuela Secundaria Estatal 3061, que a últimas fechas ha dado mucho de qué hablar. Sus alumnos y alumnas son víctimas de la violencia que prevalece en el sector. Han protestado, han gritado y nadie los ha escuchado.
Ahora como mudo testigo de la lucha, su biblioteca lleva el nombre de una de sus más ilustres alumnas, Alejandra Judith Díaz, asesinada apenas la semana pasada.
Parece ser que en Juárez, las bibliotecas y escuelas comienzan a tener un nuevo rostro. Sus salones, bibliotecas o los propios planteles ya no llevan nombres de literatos, historiadores, filántropos o políticos de dudosa calidad moral o de héroes que pasaron a la historia no por su valor, sino por haber estado en el bando ganador.
Ahora esos planteles comienzan a llevar los nombres de mujeres asesinadas en esta ciudad. Y ahí están el Salón Airis Estrella, la Biblioteca Alejandra Judith Díaz, y el Jardín de Niños María Sagrario González. Y ahí están también las cruces en los postes. El Cristo Negro y los campos de algodón. Las voces del desierto, voces que hasta ahora, han sido ignoradas.