Encienda el televisor. Escuche las noticias. Lea los titulares de portada en su diario favorito. Casi todos los programas de noticias, entretenimiento e información general siguen la misma línea: identificar a los demonios populares y lincharlos en el tribunal público en el que todos podemos ser jueces. O víctimas.
Tanto el origen como el avance de la epidemia de influenza humana pueden observarse bajo esta misma óptica. Lo mismo sucede con la violencia relacionada con el tráfico ilegal de drogas, con la crisis económica y con la sucesión presidencial que llegará en 2010.
El siguiente análisis parte de la premisa de que la administración de Felipe Calderón Hinojosa ha utilizado diversas estrategias de comunicación y propaganda con el objetivo de alcanzar el consenso popular necesario para legitimar su llegada al poder; estas estrategias han considerado la utilización de acciones de gobierno de alto impacto, la gestión del pánico moral y el uso de una narrativa del miedo tanto en el contenido de los mensajes oficiales como en el de otras herramientas.
Lo que se busca es propagar mitos de gobierno, utilizando diversas espirales de silencio, con el propósito de modificar la percepción que los mexicanos tienen de la figura presidencial que llegó a Los Pinos con un escaso apoyo popular.
El 4 de mayo de 2009, el presidente Felipe Calderón Hinojosa se encargó, siguiendo la estrategia mencionada, de crear un mito de gobierno (cuando dijo que salvamos al mundo, refiriéndose a la emergencia sanitaria decretada por el surgimiento de un nuevo virus de influenza).
Desde que iniciara su mandato, Calderón Hinojosa se ha dedicado a generar diversos “mitos de gobierno” —el más reiterado, sin lugar a dudas, es el que hace de una política de Estado una “guerra contra el narcotráfico”—. Según la definición de Mario Riorda, un gobierno requiere de razones para mostrar y justificar sus actuaciones hacia determinados actores, recursos y escenarios, pero también tiene reservada para sí, la facultad de tener motivaciones, que en este caso indudablemente tienen que ver con la generación de confianza.
Así, “el mito de gobierno es el intento de constituirse o instalarse como un modelo de camino a seguir socialmente aceptado, para evitar caer en el cortoplacismo y salir de la trampa de la inmediatez”.
Aunque quizás el mensaje de los voceros gubernamentales no determine lo que piensa cada mexicano —la ciudadanía se adquiere a los 18 años, al mismo tiempo que los derechos políticos—, tampoco es probable que puedan hacerlo los medios de comunicación.
Y es que, excepto en contadas ocasiones, el gobierno no ha logrado mantener el control de la agenda relacionada con los grandes temas nacionales, mismos que le interesa posicionar con fines de legitimación.
Sin embargo, lo que ha logrado, al menos en términos enunciativos, ha sido imposibilitar la incorporación de asuntos también prioritarios al debate nacional.
El acorralamiento de las opiniones contrarias a los mensajes oficiales se ha vuelto moneda corriente; hoy, criticar una estrategia de gobierno convierte a quien se opone en enemigo del Estado. En esta situación se encuentran, por ejemplo, quienes no están de acuerdo con la estrategia militar ante la delincuencia. Esta situación, según el mecanismo propuesto por Elisabeth Noelle-Neumann, corresponde a una “espiral de silencio”, que implica una presión que “desencadena la combatividad, la sumisión o el silencio” (el modelo también explica por qué las personas están poco dispuestas a expresar sus opiniones en público al saberse parte de una minoría). En este sentido, la autora describe a la opinión pública como la opinión dominante que impone una postura y una conducta de sumisión, a la vez que amenaza con aislamiento al individuo rebelde, y al político con una pérdida del apoyo popular. Por esto, el papel activo de iniciador de un proceso de formación de la opinión queda reservado para cualquiera que pueda resistir a la amenaza de aislamiento.
En este mismo contexto es que puede ubicarse la utilización de contenidos discursivos y acciones de gobierno que buscan infundir temor. “La narrativa del miedo es un elemento básico en los formatos de noticias de entretenimiento”, resume David L. Altheide, profesor de la Universidad de Arizona. Y es que “un discurso del miedo puede definirse como la comunicación dominante, la consciencia simbólica y la expectativa de que el peligro y el riesgo sean la característica central del entorno simbólico según la manera en la que las personas la definen y la experimenten en su vida diaria”.
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La escasa legitimidad con la que Calderón Hinojosa accedió al poder obligó a su administración a utilizar los más variados y modernos recursos en aras de alcanzar el reconocimiento de la mayoría.
Este contexto en el que nos encontramos, es definido por los teóricos de la comunicación y de la sociología como un escenario de construcción de situaciones de “pánico moral”. Atendiendo esto, es como debemos tratar de entender el fenómeno provocado por la alerta epidemiológica a raíz del surgimiento del virus AH1N1.
Pánico moral es un concepto acuñado por el sociólogo Stanley Cohen, profesor de criminología de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en su clásico Folk Devils and Moral Panics de 1972. El investigador inglés Tim O’Sullivan, tras revisar las primeras ediciones del libro y sus posteriores actualizaciones, resume el concepto acuñado por Cohen como cuando “una condición, un episodio, una persona o un grupo de personas se presentan como una amenaza a los valores e intereses sociales”. Se trata de un fenómeno por el cual los miembros de una sociedad y una cultura “se sensibilizan moralmente” para los desafíos y las amenazas que las actividades de grupos definidos como desviados oponen a “sus” valores y estilos de vida aceptados. En el proceso se destaca la importancia de los medios masivos en cuanto a proporcionar, mantener y “vigilar” las estructuras y definiciones de la desviación disponibles, las cuales determinan tanto la conciencia pública de los problemas como las actitudes ante tales problemas. El término también sirve para vincular esta conciencia pública estructurada con las formas de control institucional, así como con otras formas movilizadas para responder a tales problemas.

Influenza. De la negligencia a la manipulación
Alejandro Páez, José Pérez-Espino y Mara Muñoz
Editorial Grijalbo
México, 2009