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Justicia para Armando: la impunidad mata

El periodista Armando Rodríguez Carreón, de El Diario de Ciudad Juárez, fue asesinado de diez balazos el 13 de noviembre de 2008 en su automóvil, cuando salía de su domicilio para ir a su trabajo y llevar a sus hijas a la escuela. Su asesinato sigue impune. La siguiente es una compilación de textos que sus colegas han publicado en el periódico al que dedicó en cuerpo y alma los últimos años de su vida.

Por La Redacción
Tuesday, 17 de November de 2009

Mentiras e impunidad, a un año del asesinato… 

 

Carta Abierta | 13-11-2009 | Local  (Portada 1-A)

 

Hace un año, entre el llanto que nos causó el cobarde asesinato de nuestro compañero reportero José Armando Rodríguez Carreón, directivos y periodistas de El Diario recibimos el ofrecimiento de diversos funcionarios estatales y federales de que se haría justicia.

 

Movidos por la oportunidad de quedar bien, diversos jefes policiacos y servidores públicos de alto nivel se rasgaron las vestiduras ofreciendo una justicia enérgica, expedita y eficiente.

 

Pero igual que ha sucedido en muchos otros casos, hasta la fecha no han cumplido su ofrecimiento y el homicidio del reportero –miembro de esta redacción que continúa enlutada– sigue impune y sin que se conozca quién lo mató ni quién mandó matarlo.

Peor aún, ha habido más periodistas muertos en el estado y lo mismo que en el caso de Armando Rodríguez, tales agresiones se encuentran sin castigo.

 

En estos 365 días no se ha logrado ningún avance en el esclarecimiento del caso de nuestro compañero, pues no existe fruto de ningún trabajo de investigación. Ante eso tenemos que decir lo siguiente: la impunidad mata y la tolerancia también.

 

Favorecida por ambos factores, hoy la criminalidad se extiende hasta llegar a cada rincón de nuestra querida ciudad y nadie está a salvo ni en su patrimonio ni en su integridad física.

 

Los ciudadanos ven aterrorizados cómo sus bienes y sus preciados derechos están siempre amenazados por los delincuentes, esto bajo un constante baño de sangre.

 

Si un año atrás las autoridades no podían con el encargo que les fue encomendado, hoy se hallan plenamente rebasadas junto con el Ejército y los miembros de las fuerzas federales, mientras que el primero se ha ensañado con la ciudadanía y los segundos han aprovechado su labor para robar a los juarenses.

 

Los ciudadanos son víctimas de extorsiones y de despojos, y si se niegan a entregar su dinero a las bandas delictivas, sus negocios son quemados y ellos asesinados impunemente. En grandes sectores de negocios, los empresarios tienen la obligación de entregar “cuotas” a los criminales.

 

Las familias juarenses han atestiguado y han sido víctimas de más de tres mil 800 asesinatos en 22 meses continuos, muchos de ellos de gente inocente, mismos que han cometido las bandas del narcotráfico.

 

Las autoridades paseñas estiman que más de 120 mil personas que vivían en Ciudad Juárez se refugiaron en El Paso y otras ciudades vecinas de Estados Unidos, donde generaron un boom económico con sus negocios y su trabajo.

 

En ese contexto, los periodistas de El Diario mantenemos nuestra postura de trabajar con valentía y servirle a la ciudadanía porque a ella pertenece el derecho a la información.

No estamos dispuestos a permitir que las bandas criminales secuestren ese derecho porque éste es una parte –una de las más importantes– de la acotada libertad de que aún goza nuestra gente.

 

De hecho, hoy los comunicadores enfrentamos el reto, más grande aún, de mantener nuestro trabajo con independencia y con el debido cuidado para que nuestro quehacer no llegue a ser usado por los grupos criminales.

 

Lamentablemente, aquí el tiempo sólo ha servido para que se consoliden las organizaciones delictivas, no para que se haga justicia, mientras que los periodistas aún lloramos la muerte de Armando Rodríguez, cuya vida fue arrebatada un día como hoy.

Armando, tus compañeros estamos dispuestos a seguir exigiendo justicia para ti y no habrá quién nos frene en ese esfuerzo. Aquí seguimos extrañándote, tu lugar de trabajo y tu computadora siguen llenos de flores. Te queremos.

 

Aquí vemos con tristeza que ha pasado un año y la justicia sigue esperando…

 

Directivos y periodistas de El Diario

 

 

Ligan a ex judicial con muerte de ‘El Choco’ 

  

Staff

El Diario | 13-11-2009 | Nota principal 1-A 

 

Los únicos indicios con los que cuenta la Procuraduría de Justicia en el Estado apuntan a que en el homicidio del periodista Armando Rodríguez Carreón está involucrado un ex policía judicial que hasta 2003 fue parte del Grupo Zeus, encargado entonces de indagar ejecuciones.

 

Hoy 13 de noviembre se cumple un año del asesinato de “El Choco”, y la línea de la Procuraduría se formó con los datos aportados por “un informante” que les dijo que casi un mes después, el 8 de diciembre de 2008, escuchó una conversación en la que un hombre alardeó sobre la forma en la que su padre, el ex judicial, había asesinado al reportero.

 

“(El informante) escucha cuando el sujeto (...) le dice al joven, de 25 años, hijo del ex policía judicial, lo siguiente: ‘Tu papá andaba culeando el otro día ...’, y (El hijo) responde: ‘Pero bien que se quebró al pinche periodista, para que no anduviera de hocicón’. El sujeto de apodo (...) le contesta: si no le hubiera hecho el paro, no la hubiera librado”, dice una breve transcripción de la Procuraduría a la que este medio tuvo acceso.

 

El informante, según la dependencia, les dio el nombre completo del presunto involucrado –quien además cuenta con antecedentes criminales–, el de su hijo y las direcciones de ambos, además de los nombres de otros presentes en la conversación.

 

Más de nueve meses después de tener los datos, sin embargo, la dependencia no había integrado la información de manera oficial, por lo que a la fecha no ha girado orden de aprehensión alguna.

 

“No (hay orden), porque apenas obtuvimos el testimonio que teníamos sin documentar, y ya nos los confirmó, y vamos a acompañar unos documentos y a declarar a dos personas para reforzar la solicitud (de aprehensión)”, dijo a El Diario la procuradora estatal Patricia González el pasado lunes 9 de noviembre, casi un año después del crimen.

 

“Esa persona tenía miedo y no quería rendir formalmente el testimonio, la información que nos dio, nos las dio extraoficialmente, entonces documentamos con puras actuaciones de información de un tercero, pero sin el compromiso del testigo, pero ya lo obtuve”, agregó la funcionaria.

 

Otros datos aportados por el informante son que la conversación tuvo lugar en la casa del hijo del ex policía, ubicada en un fraccionamiento del sur de esta ciudad, de la cual la dependencia también tiene dirección exacta.

 

La Procuraduría estatal también sabe que el sujeto que prestó el vehículo al homicida es alto, de complexión corpulenta “tipo sinaloense”, cabello castaño corto, con una cadena con su apodo, y que se “dedica a llevar los mensajes a los ejecutores o sicarios, también a los integrantes del grupo que roban vehículos”.

 

Armando Rodríguez, reportero de El Diario, fue asesinado con 10 disparos de un arma nueve milímetros el 13 de noviembre de 2008, fuera de su casa, en el interior de su vehículo y en presencia de su hija de entonces ocho años de edad.

 

Tenía más de 10 años asignado a la cobertura de la fuente policiaca en Ciudad Juárez, y era conocido como el periodista más experimentado e informado sobre temas de seguridad en esta frontera.

 

Si bien entre los datos de la dependencia no aparecen los motivos que el presunto autor material tendría para asesinar al reportero, en archivos periodísticos constan diversos antecedentes que indican que se trataba de un elemento de la antes llamada Policía Judicial del Estado quien, de acuerdo con reportes publicado por El Diario, causó baja en 2003 por pérdida de confianza. Posteriormente fue acusado de lesionar a una persona con arma de fuego.

 

Por cuestiones de seguridad, y debido a que no hay órdenes de aprehensión que los involucren oficialmente, los nombres proporcionados por el informante a la Procuraduría estatal fueron omitidos.

 

DILACIONES Y PELOTEO

 

El manejo oficial de estos datos aportados por el informante ha causado diferencias entre la Procuraduría estatal y el Gobierno federal debido a que, al menos desde febrero, ambas administraciones conocen la información, pero ninguna ha avanzado hacia alguna detención.

 

En el Estado, la versión del informante permaneció fuera de la carpeta de investigación abierta formalmente en el fuero común hasta al menos junio pasado, cuando dicho expediente no mostraba más progreso que las pruebas periciales inmediatamente posteriores al crimen.

 

En junio, sin embargo, esa carpeta de investigación fue enviada de esta frontera a la ciudad de Chihuahua, donde se asignó, según la fiscal Patricia González, a un grupo de agentes del Ministerio Público encargados de la indagación de otros 10 homicidios de alto impacto.

 

En ese mismo contexto, la procuradora Patricia González informó a El Diario que, desde febrero pasado, ella había entregado los mismos datos al secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, quien había ofrecido dárselos a la Procuraduría General de la República, donde también hay una averiguación previa por el caso.

 

“El secretario de Gobernación dijo que iba a hablar con el procurador (Eduardo Medina Mora) y le habló, por eso mandaron a un agente del Ministerio Público y luego vino un grupo de policías de investigación, ellos se quedaron aquí mucho tiempo, anduvieron indagando, con la cooperación de agentes investigadores de la Procuraduría estatal”, expuso la funcionaria.

 

Cuestionado en junio al respecto, sin embargo, Gómez Mont recalcó que la responsabilidad de esclarecer el homicidio correspondía a la Procuraduría de Justicia en el Estado.

 

“La procuradora en el estado de Chihuahua tuvo una reunión conmigo para pedir apoyo para que ella llevara a cabo una investigación... que (ella) estaba en posibilidad de acometer esa responsabilidad y me han dicho que a la Procuraduría de la República ya le pasó la tarea”, dijo luego Gómez Mont en Tijuana, ante pregunta de El Diario.

 

LAS LÍNEAS DE LA PGR

 

En medio del intercambio de deslindes, el delegado de la Procuraduría General de la República, Héctor García, dijo a El Diario considerar “delicado” que, si la procuradora contaba con información sobre un presunto autor material, no hubiera realizado diligencia alguna al respecto.

 

“Los primeros que tenemos que observar la legalidad somos nosotros. No puedo andar haciendo investigaciones, si yo como titular de esta área le digo al agente federal de investigación: ‘vaya y chéqueme a Juan Pérez’, pero no tengo una averiguación previa, ¿de qué se trata?”, dijo entonces García.

 

“Por eso es delicado que si yo tengo conocimiento de un hecho, estoy obligado a hacer lo que la ley me obliga; si alguien viene y me dice ‘vengo a darle una información pero no quiero nada’, bueno, vamos a iniciar una acta circunstanciada y vamos a manejarlo como denuncia anónima, pero lo que no puedo yo hacer es decir: ‘ah, bueno, entonces, yo tampoco sé nada’. No, a partir de que me enteraste, yo como responsable de esta área estoy obligado a hacer lo mínimo”, agregó.

 

También en la delegación, García y el agente asignado a la averiguación previa del homicidio de Rodríguez, José Ibarra Limón, mencionaron a El Diario la existencia de nueve líneas de investigación.

 

Una de ellas, de acuerdo con datos que El Diario tomó del expediente, se derivó de la publicación de la nota “Matan en auto oficial a sobrino de procuradora”, publicada por Armando Rodríguez (en coautoría) el 29 de octubre de 2008 –dos semanas antes del crimen–, y que reportó los vínculos con el narcotráfico detectados a familiares políticos de la procuradora Patricia González.

 

“Línea. En relación a la nota periodística realizada por Armando Rodríguez ‘Matan en auto oficial a sobrino de procuradora’ se señala que Andrés Armando Sánchez Pineda era sobrino político de la procuradora y contar con antecedentes penales en Estados Unidos ya que había sido detenido en El Paso con más de 160 kilogramos de mariguana”, dice el expediente de la PGR.

 

“La línea de investigación es solicitar se remitan las investigaciones realizadas en torno a la ejecución de Andrés Armando Sánchez Pineda, a efecto de descartar la posibilidad de que tales personas involucradas en tales hechos se encuentren involucradas en la ejecución de Armando Rodríguez”, agrega la línea de la instancia federal.

 

García explicó que ésta y el resto de las líneas de investigación se generaron a partir de que el agente Ibarra Limón concluyó la sistematización de los datos obtenidos tanto de las llamadas telefónicas marcadas y recibidas por el reportero, así como por sus apuntes, de sus recorridos y notas que le pudieron haber generado represalias.

 

“Todas (las líneas) salieron cuando se sistematizaron sus expedientes, sus llamadas, se hizo un diagrama. Se cuenta con un esquema que sistematizó dónde está Armando en relación con equis, con ye”, explicó García.

 

La PGR también entregó a este medio un resumen con la lista de 42 diligencias, entre ellas el levantamiento de una constancia que confirmó que, todavía en abril pasado, dos meses después de que la procuradora dijo contar con el nombre del presunto autor material del crimen, el agente del Ministerio Público del Estado no tenía dato alguno en la carpeta de investigación.

 

“Se levantó constancia de fecha 22 del mes de abril del presente año, en la que se asentó por parte de esta Representación Social de la Federación el hecho de que el suscrito se apersonó en la oficina que ocupa la Unidad Especializada de Investigación de Delitos contra la Vida, de la Subprocuraduria General de Justicia Zona Norte, a fin de verificar si en la Indagatoria que se sigue en dicha Instancia relacionada con los hechos que se citan en párrafos que anteceden se encuentran nuevos datos que favorezcan la investigación que se sigue dentro de la Indagatoria 1598/2008 del índice de esta Mesa Investigadora, sin que se haya apreciado en la carpeta de investigación del Orden Común nuevos avances”, dice el reporte de la diligencia.

 

Un mes después, el 28 de julio de 2009, el agente Ibarra Limón fue asesinado afuera de su vivienda en la unidad habitacional Benito Juárez, a manos de un homicida que, con el modus en el que operan las células de sicarios en esta ciudad, primero le habló por su nombre y después le disparó en siete ocasiones, también con un arma corta.

 

Este segundo homicidio, como el del reportero y como la inmensa mayoría de los crímenes que ocurren en esta frontera, sigue impune.

 

En el reporte de la muerte del agente federal, El Diario también consignó que, unas dos horas antes, pero en la ciudad de Chihuahua, Fernando Gómez Mont había dado a conocer que los datos del informante no habían sido útiles para esclarecer el asesinato del periodista.

 

“Es correcto suponer que por el hecho de que la Procuraduría de Justicia del Estado entregó información a la Federación, el delito sería resuelto, ya que se siguieron las líneas de investigación (proporcionadas por González) y no se llegó a ningún resultado. Este tipo de investigaciones tienen un carácter complejo”, dijo entonces Gómez Mont.

 

El pasado sábado 7 de noviembre, Héctor García informó de manera escueta que se habían robustecido algunas líneas –sin explicar cuáles– pero que, básicamente, la averiguación previa continuaba como la había dejado el agente Ibarra Limón.

 

FEADP, ANUNCIO FALSO

 

La falta de resultados en todas las investigaciones son posteriores a la falsedad con la que actuó la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra Periodistas (FEADP) de la PGR, la cual, sin que fuera cierto, el día del homicidio anunció que ejercía la facultad de atracción del caso.

 

“La Procuraduría General de la República informa que la Fiscalía Especial para Atención de Delitos cometidos contra Periodistas, (FEADP), ejerció la facultad de atracción respecto del homicidio en agravio del periodista José Armando Rodríguez Carreón, reportero del Diario de Juárez, ocurrido a las 7:50 horas de este jueves en Ciudad Juárez, Chihuahua”, informó el órgano especializado en un boletín emitido el día del crimen.

 

Pese a este anuncio, un mes después la propia FEADP emitió un informe en el que su titular, Octavio Orellana, reportó que sobre el caso de Rodríguez había una averiguación previa en la delegación de la PGR, mas no en ese órgano especializado.

Este medio ha solicitado en repetidas ocasiones una explicación a la FEADP sobre el motivo de la falsedad del anuncio, petición que fue reiterada el pasado miércoles 11 de noviembre. A la fecha, sin embargo, la FEADP no ha emitido respuesta. 

 

 

Pronto habrá órdenes de aprehensión, asegura Reyes 

 

Horacio Carrasco El Diario | 13-11-2009 | Local 

 

En el caso del periodista Armando Rodríguez Carreón, asesinado hace un año, pronto se girarán órdenes de aprehensión contra el autor material, dijo el gobernador José Reyes Baeza Terrazas.

 

“Nosotros estamos muy avanzados en lo que tiene qué ver con la autoría material y yo estoy seguro de que pronto vamos a tener órdenes de aprehensión”, agregó.

Comentó que semanas después del “problema”, es decir, el asesinato de Rodríguez el 13 de noviembre de 2008, los investigadores estatales obtuvieron información muy valiosa que ya se compartió con la Procuraduría General de la República (PGR).

 

“Esta información yo la traté ahora con el nuevo procurador general de la República, Arturo Chávez Chávez, y les debo decir que la parte de la investigación de la autoría material va muy avanzada”, expresó.

 

Adicionalmente la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) está realizando una averiguación en conjunto con la Procuraduría de Justicia del Estado para la identificación de la autoría intelectual, dijo.

“Nosotros estamos muy avanzados en lo que tiene qué ver con la autoría material y yo estoy seguro de que pronto vamos a tener órdenes de aprehensión”, agregó.

 

Fue un hombre de trabajo

 

Martín Orquiz

El Diario | 13-11-2009 | Local 

 

Junto con la huella que dejó impresa en Ciudad Juárez a través de su trabajo periodístico, José Armando Rodríguez Carreón, “El Choco”, también sembró durante su niñez y adolescencia sólidos afectos entre sus parientes y amigos en Camargo, Chihuahua, donde nació, además del legado que construyó en su entorno familiar.

 

Fue el 18 de junio de 1968 cuando Dolores Carreón dio a luz en la clínica Santa Clara al segundo de los hijos que procreó con Jorge Rodríguez, quien en ese entonces era empleado de la agencia automovilística Ford asentada en aquella población.

 

Su madre desplegaba una doble tarea: la de ama de casa y el cuidado de la panadería “La Azteca”, propiedad de su familia, donde Armando pasó mucho tiempo cuando niño.

 

Ya mayor, “El Choco” platicaba cómo le gustaba estar junto al calor de los hornos y del padre de su mamá, Porfirio Carreón Gutiérrez o el abuelo Pilo, con quien tuvo una gran afinidad espiritual y una cariñosa relación.

 

La hermana de Armando, Lupita, cuenta que la panadería era el lugar predilecto de Mando, como le decían en su casa, mientras que su abuelo era sin duda alguna su persona preferida.

 

“Lo seguía mucho, me cuenta mi mamá que cuando lo regañaban Mando iba y se encerraba en una bodega en la que estaban la harina y el azúcar. Luego comenzaba a cantar para que mi abuelo fuera a rescatarlo, iba mi abuelo y él salía. Luego les decía a mis papás que no lo regañaran ni lo castigaran”, recuerda.

 

En ese entonces Armando tenía tres o cuatro años de edad, así que aún no iba a la escuela y don Pilo se lo llevaba a la panadería, donde comenzaba a hacer travesuras como mezclar el azúcar con la harina y otros ingredientes, lo que les provocaba serios problemas a los panaderos.

 

Esa etapa de la vida fue de las más felices para Armando, según refería él mismo, pero acabó muy pronto. En julio de 1973 su abuelo falleció, lo que fue una gran tragedia para “El Choco”.

 

Dice que tiene la certeza de que su hermano nunca superó la muerte de su abuelo Pilo.

Blanca Martínez, la viuda de Armando, cuenta que en su vida de adulto su esposo platicaba mucho acerca del papá de su madre.

 

Incluso no quería que sus hijas se encariñaran con sus abuelos porque, argumentaba, cuando faltan se sufre mucho, tal como él lo padeció.

 

“Fue una ausencia que se le quedó muy marcada porque él le tuvo mucho amor al abuelo”, cuenta su hermana.

 

Aunque el dolor por la pérdida de su protector no desapareció, sí lo guardó dentro de sí para continuar con su vida.

 

Como cualquier niño, regresó “a las andadas” y jugaba a las canicas con su hermano mayor, Jorge, con quien llegó a juntar varios botes llenos de esferitas de vidrio, actividad que se convirtió en su principal distracción.

 

También le gustaba accionar una resortera que “cargaba” con lilas para pegarle a las personas que pasaban por la calle, lo que le trajo innumerables problemas.

 

“Siempre era muy inquieto, sólo se aplacaba cuando se enfermaba, aunque nunca se quejaba de que le dolía algo, ni la cabeza”, recuerda. “Andaba enfermo y de todas formas se levantaba, se bañaba y andaba como si nada”.

 

Sólo cuando su salud estaba muy deteriorada se acostaba, era entonces cuando su madre Dolores descubría que algo estaba mal. Le preguntaba qué era lo que tenía, él le decía que nada, pero al final concedía que se sentía mal.

 

Entonces lo llevaban con el doctor, pero pedía que no le dieran pastillas, sino inyecciones.

“El Choco” comenzó su preparación académica en la escuela primaria Gregorio M. Solís de Camargo.

 

Durante esa etapa se convirtió en el defensor de su hermano Jorge, a quien otros niños lo agredían física y verbalmente, pero Armando siempre lo protegía a pesar de que era menor.

Cuando su madre iba a recogerlo, con frecuencia las maestras le decían que estaba castigado porque había defendido a su familiar y que se trenzaba a golpes con otros menores.

 

“Él era el defensor de todos nosotros, pero a pesar de que era muy inquieto era buen estudiante, aunque no era matado sí tenía buenas calificaciones”, menciona su hermana.

Al concluir su instrucción primaria, el futuro periodista acudió a la secundaria federal Benemérito de las Américas, la única que existía en Camargo, en donde a diferencia de su etapa anterior se tornó muy sereno.

 

Durante ese lapso, al parecer lo suavizó el cambio de la niñez a la adolescencia, por lo que no se le notaba que anduviera inquieto y se dedicó a la escuela y a sus amigos.

 

Sin embargo, cuando entró a la preparatoria revivió la parte activa de su personalidad.

Se inscribió en el plantel federal División del Norte, donde se volvió dinámico e incluso organizaba los festejos o eventos, como el Día del Estudiante o el de Muertos.

 

Con sus amigos formó un grupo de rock que se llamaba “Los Pájaros Negros”, con quienes hacía sus “tocadas”, pero aunque le gustaba la música siempre fue muy desafinado, indica Lupita, quien logra sacar de entre su congoja algunas carcajadas.

 

Fue en ese periodo cuando fue bautizado con el mote que se convirtió en su distintivo tanto en su vida privada como en la profesional.

 

El profesor José Pablo Meouchi le puso “El Chocorrol”, apodo que no le molestó y, en cambio, asumió casi con orgullo.

 

Después lo hicieron más corto y se quedó como “El Choco”.

 

Aunque la panadería, que fue cerrada por problemas económicos en 1997, era un lugar en el que se sentía a gusto, no quiso encerrarse en ese lugar y comenzó a planear su entrada al Colegio Militar.

Ante la oposición de sus padres, quienes se mostraron preocupados por la probabilidad de que se fuera a la ciudad de México, optó por estudiar Ciencias de la Comunicación, carrera que es impartida en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH).

 

Su madre le insistió para que tomara un curso que le permitiera estar cerca de Camargo, por ejemplo en la ciudad de Chihuahua, pero Armando le comentó que estudiaría lo que él deseaba.

 

Así, viajó hasta Ciudad Juárez en 1986 para presentar el examen de admisión a los 18 años de edad. “Desde que se vino para acá ya no regresó a radicar a Camargo, sólo iba de vacaciones, al principio dos veces al año, pero luego sólo los años nuevos, aunque luego regresó más seguido”, indica Lupita.

 

“El Choco” llegó a vivir con una tía de su madre, cuyo domicilio estaba en una colonia del extremo norponiente de la ciudad, ante la falta de recursos para transportarse caminaba en ocasiones cerca de cuatro kilómetros para acudir a la Facultad, ubicada en el área del Pronaf.

 

Luego, en compañía de varios de sus compañeros, rentó una casa más cercana a la escuela en la que vivió hasta que conoció a Blanca Martínez y comenzaron los planes para casarse.

Para su familia en Camargo, la noticia de que, aun cuando continuaba en la escuela, había conseguido trabajo en el Canal 44 “jalando cables” fue gratificante y se recibió con gran entusiasmo, ya que aún prevalecía el temor de que Armando no fuera a conseguir su deseo de trabajar en los medios de comunicación.

 

“Fue muy luchista, cada logro que él tuvo se lo ganó, él puso mucho esfuerzo y se sentía orgulloso”, recuerda Lupita.

 

Cuenta que cuando vinieron a visitarlo para una Semana Santa, Mando fue muy contento a recogerlos a la Central Camionera en un automóvil que había comprado con sus ahorros.

“Pensé: ¿y éste dónde aprendió a manejar? Metió unos ‘frenadones’ medio feos, apenas estaba aprendiendo, pero él andaba feliz porque era algo que se había comprado con su esfuerzo”, indica.

 

Su hermana menciona que ella estaba estudiando la preparatoria entonces, pero cuando vio que Armando se estaba forjando una vida aquí sintió ganas de ser como él y conseguir sus propias cosas.

 

“Todos mis hermanos son ‘luchistas’, con su trabajo se han ganado las cosas, pero él en especial porque dejó todo en Camargo para venirse a buscar una oportunidad a Ciudad Juárez”, menciona.

 

Armando le decía que era duro, que enfrentarse solo a la vida no es fácil, que si quería lograr algo tenía que luchar mucho por conseguirlo porque no se lo iban a regalar, que sólo trabajando con ganas y valorando lo obtenido podría salir adelante.

 

Cuando ella le comunicó su deseo de venir también a esta ciudad, “El Choco” le contó que era muy grande y que tenía de todo, cosas buenas y malas.

Pero le insistió en que si sus deseos de salir adelante eran reales y quería sobresalir podría conseguirlo, comenta Lupita.

 

“Me dijo que Juárez es muy bondadoso, que consigues muchas cosas, que se te facilita hasta tener una casa, que podía conseguir cosas buenas, pero que para eso había que trabajar mucho”, señala.

 

Al cumplirse un año de su asesinato, la nostalgia de Lupita por su hermano Mando es muy grande.

 

“Me ha hecho tanta falta, ahorita es como estar en el vacío, voy a la cripta (donde está depositada una parte de sus cenizas, la otra está enterrada en Camargo) y le digo que cómo me hace falta”, dice ahogando los sollozos.

 

Ella sabe, como toda su familia, que vienen momentos muy difíciles por la ausencia de Armando.

 

 

Demanda viuda de ‘El Choco’ a IMSS que considere riesgo laboral

 

Pedro Sánchez Briones

El Diario | 14-11-2009 | 23:57 | Local 

 

Por considerar que la muerte de Armando Rodríguez Carreón, se debió a su quehacer como periodista y no un “accidente en trayecto”, su viuda Blanca Martínez de la Rocha, colocó una manta con la imagen del periodista de EL DIARIO como protesta frente a las instalaciones de la Subdelegación 1 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

 

“Mi esposo, el reportero, no murió por un accidente mientras iba a su trabajo… Alguien fue a su casa expresamente para matarlo. No sabemos si por algo que publicó, que investigó, que preguntó, que supo, que comentó, que le dijeron o por algo que alguien creía que él sabía…Pero fue por alguna de estas situaciones que implican la labor del reportero”, afirmó ayer al cumplirse un año del asesinato de “El Choco”, como era conocido.

 

Agregó que decidió hacer el trámite de la pensión por viudez y orfandad con el planteamiento de que la muerte de Armando fue por un riesgo de trabajo, lo cual así lo había determinado en febrero un perito del IMSS, pero en junio el instituto decidió cambiar el dictamen y determinó que su deceso fue un “accidente en trayecto”.

 

Consideró que al catalogarlo así no se hace justicia al trabajo que realizaba y expuso que esto afecta a todos los periodistas porque su quehacer no se distingue de otros.

 

Señaló además que aunque aceptó ese dictamen e inició el trámite de la pensión, ésta todavía no se la entregan a ella ni a sus hijos.

 

Martínez de la Rocha subrayó que la cantidad de la pensión no varía de uno y otro dictamen, sino que lo único que desea es especificar que murió por su trabajo como periodista.

 

“El ejercicio responsable de su profesión a Armando le costó la vida, a mí, la dolorosa ausencia del compañero de vida, a mis hijos les cuesta la ausencia diaria del padre que tanto aman, muchísimo extrañan y necesitarán siempre y a su familia la pérdida inconsolable de su amado hijo y hermano”, lamentó.

 

“Armando llevó su profesión hasta el límite y hoy, lo menos que puede hacerse en su memoria, es que eso se reconozca como tal”, recalcó.

 

Acompañada de familiares y de personas que la asesoran legalmente, la viuda de Rodríguez Carreón colocó la manta en el Anillo Envolvente del Pronaf poco después de las 11:00 de la mañana, en la que se lee “Un año sin justicia” y “Su muerte no fue un accidente. El riesgo para los periodistas es real”.

 

“Para mí la muerte de Armando de ninguna forma fue un accidente en trayecto. No es que él iba a su trabajo y ocurrió un accidente, no es así”, enfatizó.

 

Mencionó que aceptó el dictamen, aunque pudo haberse inconformado administrativamente, porque considera que no hay justicia en México.

 

“En ningún sentido, ni siquiera en el Seguro Social”, aseveró, a la vez que sostuvo que expresa su inconformidad porque a “El Choco” fueron a su casa expresamente a buscarlo para matarlo por su trabajo.

 

“Porque no hay ninguna otra razón… fueron a buscarlo, fueron a buscar al reportero, no a nadie más. Me parece terriblemente mal que se haya hecho ese cambio porque incluso en ello va de por medio la calificación que se hace sobre el trabajo de ustedes, de los reporteros; ustedes andan en la calle con riesgos, que se han incrementado”, dijo ante representantes de medios que acudieron a dar cobertura.

 

Recordó además que Rodríguez Carreón fue amenazado y no se reconoció tampoco eso. “No se consideraron los factores que implica el ser reportero y se hizo el cambio de dictamen”, asentó.

 

En el IMSS le explicaron que “la ley no puede basarse en suposiciones”, por lo cual no puede regresarse a como estaba originalmente, además de que el caso todavía no está concluido.

 

“Y aparte me dicen que la ley no distingue el trabajo de un reportero y el de un trabajador de maquila, pero las amenazas que había tenido Armando, no una, sino varias, el hecho de la forma en que trabajaban los reporteros en estas condiciones de inseguridad, esas no son suposiciones, son hechos muy claros, y está claro que viven un riesgo”, añadió.

 

En su opinión, tanto el IMSS como las empresas que ocupan reporteros, “deben reconocer y deben asumir la responsabilidad de ese riesgo que viven ustedes en la calle, igual que lo vivió Armando”.

 

A su vez, Elizabeth Flores, abogada de la Pastoral Obrera de la Diócesis de Ciudad Juárez que asesora a la viuda, explicó que la diferencia entre la calificación de un accidente en trayecto y un accidente del trabajo sí existen.

 

“Un accidente en trayecto es algo imprevisible, la persona iba en trayecto hacia su trabajo o después de su trabajo, y sucedió algo que no se podía prevenir, pero la ley no tiene eso”, detalló.

 

Puntualizó que en el caso del reportero, de entrada no se puede determinar el lugar del ejercicio del trabajo.

 

“No es una oficina, no es exclusivamente en un espacio determinado, sino es la ciudad y también es en todo tiempo”, apuntó, a la vez que expuso que la ley del Seguro Social señala que es riesgo de trabajo cuando ocurra en el ejercicio del trabajo o con motivo.

 

“Que en este caso lo fue, aun y que técnicamente iba saliendo de su casa, pero no fue algo imprevisible, imprevisible es un accidente, un choque, algo que me caigo, se me cae un panorámico”, ejemplificó.

 

Martínez de la Rocha, en tanto, destacó que la situación del caso de su esposo no sólo no ha cambiado, sino que está peor.

 

“Hoy debemos recordar que a Armando lo mataron, pero también debemos enfrentar la dura realidad de que su asesinato no ha sido tomado en serio por muchos”, expresó.

 

“Las autoridades judiciales no han cumplido su responsabilidad de administrar justicia en el caso, requerida no como una intención de venganza, sino como una simple señal de que el pacto social sigue funcionando. Frustra darse cuenta de que ese pacto ha desaparecido y la impunidad prevalece”, expuso.

 

“Pero en el caso de Armando no sólo hay ausencia de justicia judicial, sino además de justicia social”, agregó y recalcó que continuará insistiendo en que se modifique el dictamen del IMSS pese a que muchos consideren poco importante e incluso sesgado.

 

“Pero yo insisto en seguir honrando la memoria de Armando, Choco, el reportero, dando a conocer esto”.

 

Dijo que Armando hizo su trabajo por muchos años con fidelidad al oficio y a la empresa que lo ocupaba, trabajando bajo una gran presión puesto que sabía el peligro que enfrentaba y entendió que la situación se había complicado a partir del 2008.

 

“Muchos de ustedes estarán de acuerdo conmigo en que no es lo mismo ser un reportero hoy que lo que significaba serlo hace cinco años. Mucho menos ser un reportero policiaco”, anotó. “Quienes han sido amenazados u hostigados por haber publicado una nota saben a lo que me refiero”, acentuó.

 

“Por ello insisto en que ese dictamen de que la muerte de Armando fue accidente en trayecto, desdeña groseramente el hecho de que el reportero (en especial el policiaco) está en el ‘campo de guerra’, expuesto, a la mano… y que por ello debe tener mínimas garantías laborales que el sistema de seguridad social y las empresas que los ocupan deben reconocer”, acotó.

 

Sin voltear a Juárez

 

De los Reporteros | 17-11-2009 | Opinión

 

Señor presidente Felipe Calderón: su visita de pisa y corre hoy a la ciudad de Chihuahua, sin dignarse a voltear a ver lo que está pasando en Juárez –la urbe más violenta del mundo, la más golpeada por la barbarie, la inseguridad y el delito en general–, y sin siquiera tocar el tema que es el que más preocupa a los habitantes de esta entidad, no puede menos que ser interpretado por los mismos como una gran falta de sensibilidad, si no es que como una burla a sus tan lastimados sentimientos.

 

Ciertamente, usted intervendrá en la capital en un evento único con el sector empresarial, para inaugurar una nueva planta de motores diesel de la empresa Ford Motor Company.

Aun así, ¿su paso por Chihuahua tendrá que ser tan rápido como para que evite escuchar lo que los fronterizos y, en general, los habitantes del estado tienen que expresar en torno a la grave situación que están padeciendo?

 

¿O la celeridad es precisamente para esquivar cualquier planteamiento que pueda ir más allá de su visión que sobre la crisis de Ciudad Juárez externó la semana pasada a periodistas del DF, a quienes declaró que el tema de la inseguridad dejó de ser el más importante del país y que lo ocurrido en esta frontera se reduce a “una lucha entre dos pandillas”?

 

Por medio de los reporteros, los cientos de miles de juarenses que han sufrido lo que usted como primer mandatario no ve –o no quiere ver–, aprovechan para señalarle, con todo respeto, que está equivocado y mal informado.

 

Hoy que pisa suelo chihuahuense debe saber, para actuar y declarar en consecuencia, que los 2 mil 250 asesinatos ocurridos en Juárez en lo que va del año, considerando una población disminuida de un millón 200 mil habitantes, generan una tasa de 187 homicidios por cada 100 mil habitantes, por mucho la más alta del mundo.

 

Y no se trata de matanzas que se suscitan tan sólo entre los miembros de “dos pandillas”. Allí están incluidos cientos de inocentes, entre ellos decenas de menores, que no tienen nada que ver con las pugnas entre los grupos del narcotráfico, cuyos miembros se han adueñado de los espacios públicos y hasta de los privados, y han convertido a esta frontera en su rehén.

 

Si sus asesores o sus representantes del Operativo Conjunto Chihuahua no le han bien informado, debe saber que en los dos últimos años han cerrado aquí una tercera parte de las clínicas y hospitales privados ante la ola de inseguridad y que al menos 100 mil juarenses se han refugiado en El Paso por el mismo motivo.

 

Ningún sector profesional o económico se ha salvado y así como el luto y la rabia por la impunidad cubren al gremio periodístico a un año del asesinato del reportero de El Diario, Armando Rodríguez Carreón –cuyo crimen usted personalmente se comprometió a resolver ante directivos de esta casa editora–, la comunidad universitaria ha sido sacudida por ya cuatro homicidios de maestros en apenas un año.

 

Los negocios son incendiados, los empresarios forzados al exilio y las inversiones canceladas o trasladadas al otro lado de la frontera, mientras aquí los grupos criminales imponen su ley, aun con el destacamento de miles de efectivos del Ejército y agentes federales.

 

Si bien la extorsión y el secuestro son delitos del fuero común y por lo tanto su persecución corresponde a las instancias estatales, es claro que las bandas del crimen organizado han encontrado en esas operaciones una extensión de su actividad criminal que en nada ha sido frenada por el ostentoso despliegue de soldados y federales.

 

Eso sí, en cerca de 20 meses de presencia permanente en Juárez, la institución que usted eligió como baluarte en el combate al crimen, ha dilapidado la confianza que en un principio depositaron en ella los juarenses, al vejar los soldados a ciudadanos honorables en sus operativos.

 

Debe saber también que el Ejército no sólo no ha podido frenar la ola de criminalidad, ni siquiera ha sido capaz de instrumentar un esquema que permita a los hombres de empresa recurrir a la seguridad privada, porque les es negada la portación de armas de fuego a sus escoltas. Ello ha dado como resultado la multiplicación de los secuestros y las extorsiones.

 

Por todo lo anterior, pensar en una visita presidencial a Chihuahua sin que en la agenda se considere el tema de la inseguridad y la falta de resultados del Operativo Conjunto, suena a tomadura de pelo para los chihuahuenses, por no decir que se trata de una gran falta de respeto ante la situación por la que atraviesan.

 

Tan ajena quedó para Juárez la agenda presidencial que ni siquiera el alcalde José Reyes Ferriz fue requerido. Simplemente no había a qué ir a Chihuahua. ¿Hasta cuándo serán escuchados los reclamos de los fronterizos?


 
 
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